LA PIERNA DE “EL TATO”

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La historia de la tauromaquia está jalonada de acontecimientos insólitos, resaltando, sobretodo, los grandes triunfos artísticos realizados por portentosos y afamados intérpretes del toreo. Mas no todo son glorias y oropeles, como muchas veces describen las plumas laudatorias, ya que, al ser una de las profesiones más difíciles y arriesgadas de cuantas han sido, no podemos olvidar que en ese “juego” de la vida y la muerte, está siempre presente el drama y la tragedia, y, ésta última, aparece a veces con una frecuencia mayor a la deseada.

Ese camino hacia la gloria que muchos comienzan a edades juveniles, cargados de infinitas ilusiones más oníricas que reales, se ve muchas veces truncado por percances o fatalidades que hacen que se conozca al torero desdichado, a veces,  más por su desgracia que por su arte. La suerte también es un factor importante a tener en cuenta en la historia personal de cada torero, mas ésta es, por esencia, antojadiza, caprichosa y esquiva, y las más de las veces hasta cruel.

La justificación de este artículo es dar a conocer el relato pormenorizado de la fatal cogida, y los dolorosísimos tratamientos, que sufrió el infortunado matador de toros Antonio Sánchez García, más conocido como “El Tato”, extraído del “Boletín de Loterías y de Toros” de junio de 1869, que fue el periódico continuador de “El Enano”, como se hacía figurar en su cabecera. Era un torero sevillano de una simpatía arrolladora, “largo con el capote, regular con la muleta, vulgar con las banderillas y muy seguro en la suerte de matar al volapié. En los quites, el galleo y jugueteos con el capote consistía el mejor resorte de su buen éxito.”, al decir de críticos y biógrafos.

A fin de poner en situación al lector aficionado, es menester esbozar algunas pinceladas para conocer, a grandes rasgos, los aspectos más destacados de la vida de este personaje.

Sevilla, Puerta de la Carne, 1850
Sevilla, Puerta de la Carne, 1850

Sabemos que vino al mundo en el barrio sevillano de San Bernardo, les suena?, el domingo 6 de Febrero de 1831 y que estuvo, siendo joven, empleado en el Matadero de Sevilla, cercano a la Puerta de la Carne, donde se le inoculó el virus de la afición a los toros y de cuyo establecimiento salieron tantos toreros importantes a lo largo de la historia.

Siendo joven, con tan solo veinte años de existencia y con su afición en plena efervescencia figura, durante el año 1851, como puntillero en la cuadrilla de Juan Lucas Blanco, un torero con pocos recursos que, tras una vida taurina decadente, le lleva a hundirse en la bebida, a consecuencia de la cual su cortísima existencia se extinguió con tan solo 38 años. No obstante, ese mismo año de 1851, el famoso Curro “Cúchares” lo rescata para su cuadrilla como banderillero y al año siguiente, el domingo 31 de Octubre, su maestro le cede, como “sobresaliente sin alternativa”,  el cuarto toro, de nombre “Estornino” de D. José Picavea de Lesaca, en la plaza de toros de la Puerta de Alcalá de Madrid y “lo mató de estocada corta y otra arrancando atravesada, más bien un bajonazo, y de un descabello”.

La alternativa la tomó en Madrid el domingo 30 de octubre de 1853, entrando en dicho cartel como sustituto de Julián Casas “El Salamanquino“, que había sido herido en esa misma plaza la semana anterior, el lunes 24. Estuvo acartelado para esta ocasión con su maestro “Cúchares”, Cayetano Sanz y Manuel Arjona, hermano de “Cúchares” y con Regatero como media espada.

El Tato y su esposa
El Tato y su esposa

Al año siguiente, 1854, se separó del que fuera su maestro y luego su suegro, ya que casó, en 1861, con su hija María de la Salud Arjona Reyes; una joven agraciada y bien parecida, como se aprecia en la fotografía de la época, quien por su rolliza figura estaba más cerca de las musas de Rubens (véanse “Las tres Gracias” por ejemplo) que de las féminas anoréxicas de las pasarelas actuales.

A partir de esa separación comenzaron las disputas y una virulenta rivalidad con Antonio Carmona “El Gordito”, nacido en el mismo barrio que “El Tato”, el de San Bernardo, cuya enemistad principió cuando “El Tato” se opuso, en Sevilla, a que “El Gordito” matase gratis, en 1862, una corrida de Beneficencia, donde pensaba tomar la alternativa. Otros dicen que el mullidor, entre bastidores, fue el propio “Cúchares”. Fue tal la pasión que despertó entre los aficionados la competencia entre “El Tato” y “El Gordito” que según dice Sánchez de Neira: “La pugna en todas partes entre estos dos lidiadores ha sido terrible, llevando en Madrid siempre la mejor parte “El Tato”, en todas las demás provincias “El Gordito”, hasta el punto de provocar conflictos la saña de sus partidarios, y de tener las autoridades en algunos puntos que poner la tropa sobre las armas.

Como todos sabemos, en el toreo del siglo XIX, aparte de suertes diversas y genialidades personales, por agradar o divertir a los públicos, rayanas más al esperpento que a la ortodoxia reglada por Pepe Hillo y Paquiro en sus “Tauromaquias” o “Arte de torear”, de cuyas consecuencias las desgracias se sucedían con demasiada frecuencia y por ello no es de extrañar que presenciase más de un percance o cogidas espeluznantes, aunque posiblemente ninguna alcanzó el grado horripilante de la cornada que sufrió el afamado matador Manuel Domínguez

Manuel Domínguez "Desperdicios"
Manuel Domínguez “Desperdicios”

Campos, alias “Desperdicios”, compartiendo cartel con él, el lunes 1 de junio de 1857, en el Puerto de Santa María, cuando el toro “Barrabás” (el nombrecito se las trae) le infirió una cornada en el ojo derecho, dejando todo el globo ocular colgando. Cuenta la leyenda que este avezado matador -curtido como prisionero en la batalla de Casero en Buenos Aires, y como participante en la guerra civil uruguaya de 1831, además de experto “en echar el lazo y acosar reses como gauchos y guajiros”, donde llegaron a distinguirlo con el tratamiento de el “Señor Manuelel Bravo”-, tuvo las agallas necesarias y en un arrebato de coraje se arrancó, con su propia mano, el sanguinolento y colgante órgano visual, al tiempo que gritó: “¡Fuera desperdicios!”; de ahí el apodo. Otra leyenda, aducida por los que querían desmontar esa horripilante gesta, argüían que ese apodo provenía de un comentario que hizo de él el maestro Pedro Romero quién, teniéndolo como alumno en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla y conocedor de su destreza y valor, al hacer una valoración del novel aprendiz dijo: “¡Este muchacho no tiene desperdicio!”.

Mas volvamos de nuevo a nuestro desgraciado matador y concentrémonos en la desgraciada cogida que le costó la pérdida de la pierna derecha, y por tanto, su muerte artística y profesional en el toreo.

Corría el año 1869 cuando la Diputación Provincial de Madrid dispuso se organizase una corrida de toros para el lunes 7 de junio, con el fin de “solemnizar la promulgación de la Constitución”, publicada el día anterior, domingo 6, que fue elaborada tras el triunfo de la Revolución de 1868, en la que se destronó a la reina Isabel II, revolución conocida como “la Gloriosa” o “la Septembrina”, cuya presidencia del gobierno fue asumida por el general Prim; constitución que estuvo vigente durante el reinado de Amadeo I, a la que se conoció como la primera “Monarquía parlamentaria”.

Resulta que la mencionada corrida del 7 de junio se organizó, como muchas de las de aquella época, para que se corrieran 6 toros por la mañana y otros 6 por la tarde. El cartel de la mañana, que dio comienzo a las diez, lo componían, por orden de antigüedad, “El Tato”, “Lagartijo” y A. José Suarez. Los toros fueron dos de D. Antonio Miura (1º “Caramelo” y 5º “Tablones”), otros dos de P. de la Concha (2º “Banquero” y 6º “Caparrota”) y dos más de V.R. y García (3º “Lamparillo” y 4º “Rosaito”), los cuales recibieron en total 58 varas, 18 pares de banderillas y dos medios pares, matando 10 caballos y fueron despachados y pasaportados al desolladero tras recibir 19 estocadas (1). El sexto toro tuvo que ser estoqueado por “Lagartijo”, ya que el matador José Suarez, en el tercer toro: “sufrió una herida, trasversal en la dorsal del dedo anular de la mano derecha, que interesa dividiendo la piel y el ligamento exterior, cuya lesión le imposibilitó de continuar trabajando. El espada salió con la mano ligada y colocada esta en un pañuelo que llevaba, suspendido del cuello” (2).

Antonio Carmona "EL GORDITO"

En la corrida de la tarde, que dio comienzo en la hora taurina por excelencia de las cinco de la tarde, el cartel estuvo compuesto por “El Tato”, V. García Villaverde y “Lagartijo”. Se jugaron seis toros de la afamada ganadería de Colmenar Viejo de D. Vicente Martínez, cuyos nombres, por orden de aparición en el ruedo fueron los de “Sanguijuelo”, “Reagero”, “Murciano”, “Peregrino”, “Peinao” y “Cachirulo”, a los cuales le enchufaron 61 varas y mataron 11 caballos, además le pusieron 17 pares de banderillas y 5 medios pares, matándolos de 16 estocadas (1). La corrida “registró un lleno completo y fue bastante regular y más igual, distinguiéndose el tercer toro”(2).

El cuarto toro de la tarde, de nombre “Peregrino”, que era: “castaño y bien colocado, cogió al Tato al entrar a matar por tercera vez, y con el cuerno derecho le suspendió y volteó, infiriéndole una cornada de cuatro centímetros de longitud por tres de profundidad en el tercio superior de la pierna derecha… Se dijo entonces que el toro mantenía fresca en las astas la sangre de un caballo enfermo de “arestín”, y que este virus había infectado la herida”. (3).

El-Tato, litografía de la Lidia
El-Tato, litografía de la Lidia

Sánchez de Neira nos informa que el toro era “terciado, delante de los tableros de los 5 y 6 de la plaza vieja que hubo en las afueras de la puerta de Alcalá, con dirección al toril, poco más o menos en el mismo sitio en que fue muerto Pepe Hillo, el Tato, sin tener en cuenta la mala condición del bicho, sin reparar en que estaba humillado, y arrojándose al volapié ceñido, sin vaciar con la muleta, vicio que le costó en su vida infinitas cogidas, fue empuntado por la rodilla derecha, herido y volteado”(4).

Otra descripción detallada la hace el “Boletín de Loterías y de Toros” al día siguiente a la cogida, en estos términos: “En la cogida del Tato debemos hacer algunas consideraciones: en nuestro concepto, el toro no estaba todo lo aplomado que se requiere para el volapié tan ceñido que dio, y que no se hallaba apurado, se prueba con no irse a las tablas, que es lo que generalmente hacen los bichos de Colmenar, porque hay que tener muy en cuenta para el objeto de nuestras observaciones, que el toro daba la cara á las tablas y el diestro la espalda cuando arrancó, y que desgraciadamente la mano izquierda de los matadores queda muerta en cuanto se va á herir y no se vacía el bicho por medio del quiebro de muleta, además, el toro tenía algo levantada la cabeza, y el Tato sabe mejor que nosotros que no se debe arrancar en esta posición. Nosotros sentimos en el alma la cogida, tanto por el simpático matador como por la familia de Cuchares y el porvenir del torero; pero confiamos en que dentro de un mes estará sano y salvo el diestro”(2).

La descripción detallada, tanto de la cornada como de las diversas y dolorosísimas curaciones, así como de la evolución de la herida y la amputación de la pierna, la reflejó el “Suplemento” semanal que publicaba el “Boletín de Loterías y de Toros”, y, aunque algo extensa, se transcribe a continuación (para mayor facilidad hemos remarcado en negrita los días del informe):

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[“SUPLEMENTO

AL

BOLETÍN DE LOTERÍAS Y DE TOROS

(Continuación de EL ENANO. )

CORRESPONDIENTE A LOS DÍAS 15 Y 22 DE JUNIO DE 1869.

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La natural inquietud que, por efecto de versiones y comentarios diversos, generalmente infundados, ha llegado a inspirar, tanto á sus amigos en particular, como al público en general, la crítica situación porque está pasando el simpático diestro y primer espada Antonio Sánchez (Tato), á consecuencia de la cogida que sufrió al tiempo de matar el cuarto toro “en la corrida de la tarde del lunes 7 del corriente mes de Junio de 1869; así como el constante deseo de complacer á nuestros habituales suscritores, nos han obligado, para obviar aquel inconveniente, á ser muy comedidos en las noticias que dábamos acerca del triste acontecimiento á que nos referimos.

“Pero hoy, que, sin temor de ser desmentidos, podemos aseverar cuanto de positivo ha ocurrido acerca del particular desde la noche del lunes 7 hasta la fecha, vamos a consignar los hechos tal y como han pasado, á fin de evitar juicios especiosos, que sobre oscurecer la verdad, no pocas veces se emiten intencionadamente.

Es por demás público y notorio, y aun lo consignó alguno de nuestros colegas, que el doctor D. Marceliano Onmez Pamo, profesor de la Beneficencia provincial, á quien correspondió el servicio facultativo en la función de toros de la tarde del lunes 7 del actual, asociado de los facultativos del mismo instituto, doctores D. Julián de Laniagorta y D. José González Aguinaga, socorrió por primera intención en la enfermería de la plaza la herida que sufriera Antonio Sánchez (Tato), y consignó en las certificaciones remitidas á la presidencia y administración que aquella era grave.

A las diez de la noche del mismo día 7, se encargó de la inmediata asistencia del enfermo, su habitual médico el doctor D. José R. Benavides, quien, habiendo observado en la primera visita, entre otros fenómenos morbosos de menos importancia, que la pierna derecha, herida, era el asiento de un frió marmóreo y estupor, tan pronunciado en el pié que le dejara completamente insensible é inmóvil, sin que esplicara suficientemente estos fenómenos la compresión que, para evitar una hemorragia posible durante la traslación del enfermo, se le habla aplicado sobre la femoral, manifestó en aquel momento mismo, que el estado del enfermo le inspiraba tan serios temores, que si no la vida, perdería por lo menos la pierna.

Una hora después de la primera visita, en que se habia quitado la compresión y prescrito al enfermo el tratamiento conveniente volvió á verlo, y, como observara continuaban los mismos síntomas, le prescribió, también, medios de calefacción á la estremidad afecta.

A las cinco de la mañana del dia 8, el enfermo, además de haber pasado una noche intranquila con pervigilio y vómito de las bebidas que tomaba, tenia fiebre; la pierna estaba sumamente hinchada, tensa y comprimida por el apósito hasta la estrangulación y continuaba la frialdad del pié, á pesar de los medios de calefacción que venían empleándose; pero en cambio había calor aumentado en la rodilla, región poplitea, que estaba algún tanto tumefacta, y en la parte inferior del muslo. A beneficio de una sangría general, la división del apósito, sin removerlo, y un linimento emoliente á todo el miembro, han cedido la fiebre y la tirantez de la pierna; sin embargo, el enfermo acusaba un dolor vivo que, en forma de rayo, partía desde el borde interno del pié y terminaba en la rodilla, el cual, así como también los fenómenos inflamatorios que se habían insinuado en la corva, rodilla y parte inferior del muslo, cedieron á beneficio de un linimento sedante y cataplasmas emolientes, en tales términos, que el estado general del paciente á las doce de la mañana del mismo día, llegó á ser satisfactorio.

A las cuatro de la tarde del mismo dia un violento escalofrió acompañado de temblor, precedió al desarrollo de una fiebre intensa con exacerbación de los síntomas locales de la pierna, pié, región poplítea y parte inferior del muslo, notándose además rubicundez en el punto correspondiente á la parte interna de la herida. Una segunda sangría, cuarta parte de grano de acónito cada cuatro horas, y petición de junta para las ocho de la noche, constituyeron las prescripciones de aquel momento, cinco y media de la tarde.

Reunidos en consulta, á las ocho de la noche, veintidós horas después de la primera visita, con el Sr. Benavides, profesor de cabecera, los Sres. Sánchez Toca, Blanco, Camisón y Gomez Pamo, como profesor que habia socorrido al enfermo en la plaza de toros, convinieron unánimemente en la gravedad del caso y accidentes que podrían ocurrir; en la continuación del mismo atamiento, puesto que el estado general del enfermo era satisfactorio, y en la conveniencia de ir fomentando el apósito, para removerlo oportuna y fácilmente, por temor á una hemorragia, que casualmente una hora después de disuelta la junta ha venido á justificar el aplazamiento de la renovación de la cura.

El miércoles 9, mientras el estado general del enfermo continuaba siendo bueno, aparecieron cárdenos los cuatro últimos dedos del pié, y en tanto que á las diez de la misma mañana la coloración rubicunda que apareciera en la parte interna de la herida, habia ganado en estensión y se hiciera violácea, el color cárdeno de los dedos se estendiera igualmente en forma de chapas por toda la región dorsal del pié, notándose además cerca de la herida crepitación enfisematosa.

Todos estos fenómenos alarmantes decidieron al profesor de cabecera á remover el aposito, con cuyo objeto hizo avisaran á otros dos profesores, á fin de que le ayudaran en el caso de hemorragia ú otro accidente.

Reunidos á la una del mismo dia con el doctor Benavides, el doctor Blanco y el licenciado Uriarte, pudieron observar que la piel de la pierna habia adquirido en unos puntos el color violáceo, y se presentaba de un color verde oscuro, con una flictena en su centro, hacia la parte inferior esterna de la pierna. Procedióse en su consecuencia á la remoción del aposito, y notando que el botín aponeurótico estrangulaba en alto grado los tejidos subyacentes, el doctor Benavides, de común acuerdo con sus compañeros, practicó dos grandes incisiones, la una á lo largo del borde esterno del peroné, y la otra en la parte posterior interna de la pierna, paralela al borde interno del gemelo, y como viese que los bordes de la aponeurose incindida se subintraban bajo la forma cortante en los músculos, el operador practicó sobre aquellos incisiones múltiples.

En seguida se favoreció el desprendimiento de los coágulos, y pudo advertirse clara y distintamente que el asta del toro habia reducido á un detritus los músculos existentes en el tercio superior esterno de la pierna derecha; destrozara en este punto con la arteria tibial anterior el ligamento interóseo; y produjera fractura oblicua, de arriba abajo y de fuera adentro, al nivel del cuarto superior del peroné, y penetrando en la region poplítea, debió haber interesado también el tronco tibio peroneo, cuya lesión no ha sido posible apreciar á causa de la grande hemorragia que sobrevino, y que, sin embargo, pudo ser contenida por medio de la aplicación de bolas de hilas empapadas en la tintura de percloruro de hierro de Pravaz.

El enfermo, después de estas largas y penosas operaciones, y de la aplicación del aposito correspondiente, ha dormido sobre unas cuatro horas, y continuó sin alteración general hasta el dia siguiente.

El jueves 10, por la mañana, continuaba sin grande alteración el estado general del enfermo; pero en cambio el esfacélo se habia apoderado del pié y de los tres cuartos inferiores de la pierna, por su parte anterior esterna, y de sus dos tercios en su parte posterior.

Propuesta y convocada con tal motivo nueva consulta para las tres de la tarde del mismo dia, á la cual asistieron con el doctor Benavides, de cabecera, los Sres. Sánchez Toca, Rubio(I). Federico), de Sevilla, Bustos, González Velasco y el señor Losada, resolvieron por unanimidad practicar nuevas y estensas incisiones en todos aquellos puntos del pié y pierna en que se advirtiese mayor cantidad de líquidos y gases, secundando por este medio las indicaciones puestas en práctica el dia anterior; se resolvió asimismo, aun á riesgo de arrostrar las consecuencias de una hemorragia, teniendo al efecto preparados los medios hemostáticos, así químicos como mecánicos, estraer las torundas de hilas empleadas el dia anterior; practicar inyecciones con la disolución del ácido fénico en las incisiones, metiendo al efecto al enfermo en un baño, de medio cuerpo, de la misma disolución, y por último, convinieron todos en que el caso era sumamente grave, hallándose, por consiguiente, muy comprometida la existencia del enfermo; y dado caso que este se salvara, seria siempre á espensas del miembro por el punto conveniente, una vez que se limitara la gangrena.

El viernes 11, después del segundo baño, inyecciones y nuevas incisiones, empezó á presentarse el circulo inflamatorio limitado por una línea elíptica, trazada por la estension de los tejidos mortificados, hasta los tres cuartos de la parte anterior de la pierna, y los dos tercios de la posterior del mismo miembro. Aquel favorable suceso vino pronunciándose de dia en dia, a beneficio de los medios y operaciones que el profesor de cabecera, de acuerdo con los doctores Sánchez Toca y Bustos, ha venido practicando dos veces al dia, hasta la mañana del lunes 14, en que los tres de común acuerdo propusieron nueva junta á la que han asistido, además, los Sres Rubio y Losada, en la cual se decidió la separación de la pierna, que fué practicada en seguida, como operación previa, por el profesor de cabecera, un poco más arriba del círculo inflamatorio, el mismo dia á las tres de la tarde.”

El enfermo se reaccionó después de la operación; cesaron los fenómenos de absorción, incluso el delirio, que se presentaran la noche del 13: y el 15, que se ha removido el aposito, el paciente continúa en bastante buen estado, si bien de mucha gravedad, por la esposicion que hay de que se reproduzca la mortificación de los tejidos.

Observando, sin embargo, que el enfermo no conciliaba el sueño con facilidad y se quejaba de astricción de vientre, se le dispuso con buen éxito un purgante ligero, y el aumento de algún alimento más, adicionando una pequeña cantidad del extracto de carne Liebig a los caldos que venia tomando: se le ordenó agua de Seltz sola ó mezclada con la de limón, para beber á pasto, y la tintura acuosa de quina para tomar á la dosis de dos onzas por mañana y tarde.

El dia 16 la estensa solución de continuidad apareció más detergida, y se notaba que algunos mamelones celulo-vasculares empezaban á cubrir el periostio y sección de la tibia y peroné; el estado general del enfermo habia mejorado notablemente, pues no solo acusaba apetito, sino que dormía un sueño tranquilo. Se le propinó, por lo tanto, una copa de leche de burras con la tintura de quina por las mañanas; sopa, un poco de pichón, agua de Seltz mezclada con vino y un poco de dulce en almíbar en cada una de las dos comidas, procurando que el paciente tomara media hora antes del alimento una cucharada de las de café de magnesia calcinada, disuelta en una poca de agua azucarada.

A beneficio de estos medios y de los tópicos anti sépticos (cocimiento de quina, disolución de ácido fénico), y el bálsamo samaritano, tanto el estado general como el local, salvas pequeñas alteraciones, han ido mejorando de dia en dia hasta el 18 que, observando seguían detergiéndose los tejidos que han de servir de colgajo para formar el muñón; continuaba el desarrollo de los mamelones celulo-vasculares, y el pus tomaba los caracteres del laudable, se convino en remover el aposito solo una vez cada veinticuatro horas.

Desde entonces acá el enfermo ha continuado mejorando de dia en dia hasta el 21, que bien sea efecto del recuerdo que le sugirieron el bullicio y las músicas que el día anterior acompañaron al Panteón nacional los manes de nuestros hombres célebres, ó bien alguna otra causa, el hecho es que el lunes, después de la cura, el paciente esperímentó un escalofrió general, seguido de fiebre algo intensa; perdió el apetito, y su estado moral, principalmente á la hora de la corrida que tuvo lugar la tarde del mismo 21, se abatió considerablemente, observándose en su consecuencia en el enfermo inquietud suma.

Al dia siguiente, martes 22, aunque remitidos continuaban los mismos síntomas, y al remover el aposito se notó que la piel del muñón hasta la mitad de la rodilla aparecía eritematosa, fenómeno precursor de la erisipila que amenazaba desarrollarse.

En su vista el tratamiento sufrió las modificaciones consiguientes, y el enfermo pasó, en su consecuencia, el dia mas tranquilo.

El miércoles 23 del corriente mes de Junio, después de una noche en que el paciente esperimentara alguna pesadilla, á causa da haberse apercibido de la existencia de la erisipela, aparecieron remitidos los fenómenos generales, y la coloración de la piel disminuida, aunque se estendiera más arriba de la rodilla, continuando sin alteración alguna, tanto la detersión de la solución de continuidad, como los buenos caracteres del pus.

En tal estado se ha intentado por primera vez la reunión de los colgajos, aproximándolos y conservándolos aproximados por medio del aposito conveniente.

El enfermo continuó observando el plan que se le dispusiera; ha pasado el dia regularmente; durmió algunas horas al amanecer, y al siguiente día 24 su estado general era satisfactorio; el muñón ofrecía buen aspecto, siendo laudable el pus que fluyera en gran cantidad; el estado erisipelatoso habia desaparecido casi por completo, por cuyas razones, no solo se ha persistido en la indicación propuesta el dia anterior, sino que también se le ha permitido alguna sopa ligera por alimento y nuevamente la tintura de quina; con lo cual pasó bien el dia y las primeras horas de la noche, en que se le trasladó de cama, no sin observar que el aposito (que no se ha removido) se hallaba impregnado y cubierto de pus laudable.

El parte detallado que publicamos comprende, como verán nuestros lectores, hasta las nueve de la noche del 24 de Junio; y seguiremos insertando en el periódico, como lo venimos haciendo, el estado por dias del desgraciado Antonio Sánchez (Tato), á quien consideramos fuera de peligro.

Madrid y Junio de 1869” ].

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Hasta aquí la detallada relación que describe el referido “Suplemento”, tanto de la operación como de los diversos y dolorosísimos tratamientos, los cuales se realizaron en el domicilio que el torero tenía en Madrid, en la calle Espoz y Mina, nº 4-2º; calle paralela a la actual calle Carretas y desemboca, como esa, en la plaza de la Puerta del Sol. Las simpatías que el joven lidiador tenía en Madrid se manifestaron permanentemente durante todos los días de la curación, y su casa estuvo invadida de día y de noche por personas de todas las clases sociales, no solo para saber de su estado y evolución, sino para mostrarle sus simpatías y cariño.

La pierna amputada del “El Tato” había sido llevada para colocarla en una ampolla o vasija de cristal, con los espíritus necesarios a su conservación, a la gran farmacia que en Madrid se hallaba situada en la calle de Fuencarral, esquina a la calle del Desengaño. Una noche, a primera hora, se declara un incendio en dicha casa que arrasó no solo el edificio sino la propia farmacia. La gente, y gran número de aficionados, acudieron para intentar salvar la reliquia, que fue materialmente imposible dada la gran magnitud del incendio, comprobándose, al ser extinguido, que la reliquia de la pierna de “El Tato” había desaparecido por completo.(3)

A pesar de la invalidez que padecía “El Tato”, trató por todos los medios poder volver a torear y, para ello, no reparó en gastos ni en acudir a todo tipo de artesanos, hasta que, como dice “El Diccionario de toreros” de el Cossío en fascículos: “Un ortopédico le hizo una pierna artificial ingeniosamente articulada, con la que se forjó la ilusión de poder volver a las faenas de la lidia. Probó fortuna la tarde del 14 de agosto de 1871, en Badajoz, intentando dar un lance al toro cuarto. Tuvo que desistir de su empeño, sentándose llorando en el estribo de la barrera. Vestido de torero quiso volver a hacer la prueba el 4 de septiembre en Valencia, pero el público no le consintió intentarlo. El rey Amadeo de Saboya, que presidía, llamó a su palco al diestro, atendiéndole y consolándole con suma benevolencia. Aún vistió el traje de luces en Sevilla el 24 de Septiembre del mismo año. También el público le hizo desistir de su propósito de torear”. (3) Fracasados esos intentos, como decía Sánchez de Neira: “Había muerto para el toreo uno de sus más diestros adalides, y para Madrid, el más querido de los toreros”.

Con sus frustraciones a cuesta, desgarrado el corazón, hundido el sentimiento, camina desconcertado y  tarumba por la vida, viendo como la gloria y fama conseguidas le abandonan, se alejan y difuminan hacia ese incierto y nebuloso atardecer, señalándole el preludio de lo que muy pronto será el ocaso de su desdichada y mísera vida. ¡Cuánta ironía encierra a veces la vida! Y con qué saña e inquina trata a quien le apetece! Viendo cómo terminó, bien podríamos cambiar el nombre de “El Tato” por el de “Segismundo”, aquel desdichado de “La vida es sueño”, al que Calderón, caprichosamente, libera de su prisión y entroniza como rey, para después, tras su despiadado y bárbaro comportamiento, hacerle volver, cargado de pesadas cadenas, a aquel torreón mazmorra donde comenzó su vida.

En el centro el Matadero de Sevilla, 1650
En el centro el Matadero de Sevilla, 1650

El paralelismo entre estos dos personajes, quiéranlo o no, existe, y  tal vez parecióle un sueño, también, a aquel diestro espléndido, generoso y derrochador en caridad hacia los necesitados, al ver que su desvencijado cuerpo, su alma cojeando y su orgullo abochornado volvían a aquel maloliente matadero sevillano donde comenzó su vida laboral, para volver a ganar un humildísimo y pírrico salario, como repartidor de carne de aquel matadero de Sevilla; en el mismo recinto donde de joven se colaba para torear los toros, antes de ser sacrificados, burlando la vigilancia de los matarifes.

Cuentan que, muchos de sus últimos compañeros de trabajo, le oían lamentarse de su mísera situación, al tiempo que, llorando, exclamaba ¡Si Peregrino me hubiese dejado en la Plaza!, añorando, no aquel toro fatídico, sino la gloria desvanecida que se esfumó aquella trágica tarde del 7 de junio de 1869. Y aquel menesteroso personaje, que un día fue figura de la torería e ídolo de los aficionados, que “tocó la Gloria con los dedos”, murió pobre y olvidado de todos, en su Sevilla “del alma”, un día jueves 7 de febrero de 1895, cuando ya su desvencijado y mutilado cuerpo no pudo soportar por más tiempo el peso de sus 64 años.

Como todo torero legendario, muchas fueron las anécdotas y las leyendas que se formaron en torno al valiente matador de toros. Unas veces basadas en hechos reales y otras, fruto de la exageración y la imaginación popular. Aún así, sean verdaderas o inventadas, pertenecen a otro tipo de relatos que, posiblemente, trataremos en otro artículo.

 PLACIDO GONZALEZ

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BIBLIOGRAFIA

1.- “Estado General de todas las suertes ejecutadas en las corridas de toros que se han celebrado en Madrid el año 1869”.- MADRID  Imprenta  de  Manuél  Tello, Isabel  La  Católica,  23,  1869.- Hemeroteca Nacional

2.- “Boletín de Loterías y de Toros”, Año XIX, nº 954, Madrid, Martes 8 de Junio de 1869.- Hemeroteca Nacional

3.- “Diccionario de Toreros”, “El Cossío” en fascículos.

4.- Sánchez de Neira, “El Toreo

  La historia de la tauromaquia está jalonada de acontecimientos insólitos, resaltando, sobretodo, los grandes triunfos artísticos realizados por portentosos y afamados intérpretes del toreo. Mas no todo son glorias y oropeles, como muchas veces describen las plumas laudatorias, ya que, al ser una de las profesiones más difíciles y…

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